El pie equino-varo o pie zambo es una anomalía congénita que afecta al pie del recién nacido. Se caracteriza por una deformidad en los tres planos del espacio con cuatro componentes: cavo, varo, aducto y equino. No se trata solamente de una alteración de los huesos, sino también de los músculos y tendones de la zona posteromedial de la pierna y el pie.

 

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Es una de las deformidades más frecuentes. Se estima que nacen en el mundo 120.000 niños con pies zambos anualmente. No es infrecuente que se asocien a otras alteraciones congénitas y síndromes.

Existen varios tipos:

-Pie zambo no tratado: pies que no han sido manipulados ni corregidos

Pie zambo recidivado: pies en los que algún componente aparece de nuevo después de haber obtenido una corrección completa.

-Pie atípico: pies que no responden a la manipulación y corrección con yesos de forma habitual, y que precisan cambiar la forma de poner los yesos para conseguir la corrección. Son pies más pequeños, regordetes y más rígidos.

Pie resistente: pies muy rígidos que no responden a la manipulación y enyesado.

Pie sindrómico: asociados a otras deformidades como artrogriposis, enfermedades neurológicas. Suelen ser más rígidos y difíciles de tratar.

Además de explorar el pie, es necesario valorar el paciente en su conjunto para descartar síndromes asociados. A menudo se asocia a plagiocefalia, torticolis muscular congénita y/o displasia del desarrollo de la cadera.

El pie zambo se trata mediante manipulaciones y yesos seriados (Método de Ponseti) hasta corregir la corrección. El método debe iniciarse lo antes posible (generalmente a partir de la semana de vida) y debe ser realizado por personal entrenado y con experiencia en el método.

 

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Inicialmente se corrige el cavo, los demás componentes se corrigen de forma progresiva. Los yesos deben llegar hasta la zona del muslo con una flexión de unos 90ᴼ a nivel de la rodilla. En la mayoría de los casos (hasta el 90%) será necesaria una tenotomía percutánea del tendón de Aquiles para conseguir la corrección completa del equino. Una vez corregido el pie, se deben colocar una ortesis (botas de Ponseti) para mantener la corrección.

 

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Es muy importante la complicidad de los padres a la hora del mantenimiento de las botas. Sin ellas el índice de recidiva es casi del 80%, mientras que en los niños que las emplean correctamente la incidencia disminuye al 5%. Existen numerosas causas de fracaso del tratamiento ortésico: botas inadecuadas, tamaño incorrecto, alteraciones de la piel (roces) o correcciones incompletas de la deformidad. Es necesario una valoración por un traumatólogo infantil para realizar el seguimiento y descartar recidivas.

 

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