HIPERTENSIÓN ARTERIAL Dr. A. de Lorenzo

 

¿Qué es la hipertensión arterial?

La presión arterial es aquella que ejerce el bombeo del corazón sobre las arterias para que circule la sangre pudiendo llegar así a todos los órganos del cuerpo. La presión máxima o sistólica se obtiene en cada contracción del corazón y la mínima o diastólica con cada relajación. De esta manera definimos la hipertensión arterial como la elevación continua y sostenida de los niveles de presión arterial.

¿Es una enfermedad grave?
Sabemos que esta enfermedad es el principal factor de riesgo cardiovascular, de hecho el 50% de las enfermedades cardiovasculares son derivadas de la hipertensión, asociando por ejemplo importante riesgo de ictus (infarto cerebral), insuficiencia cardíaca, infarto agudo de miocardio e insuficiencia renal, entre otros.

¿Es una enfermedad frecuente?
Se trata de un importante problema de salud pública. Para que nos hagamos una idea, en nuestro país hay aproximadamente 15 millones de personas hipertensas (el 36,7% de la población según la OMS), de los cuales el 40% no saben que lo son. Además según distintos estudios, sólo el 25% de los pacientes tratados consiguen buen control de su tensión arterial, a pesar de ser éste uno de los motivos principales de consulta al médico de atención primaria.

El principal factor de riesgo para su aparición es la edad, de hecho el 65% de las personas mayores de 60 años padecen esta enfermedad. Aunque no son las únicas, las estadísticas dicen que el 30-40% de la población adulta (edad mayor de 18 años) es hipertensa.

¿Cuáles son las cifras para diagnosticar de hipertensión?
La respuesta a esta pregunta ha ido cambiando con los años a medida que la literatura y el conocimiento científico avanzan. Los límites que establecen el diagnóstico y los objetivos de control son arbitrarios y se basan en la superioridad del beneficio de tratar frente a no tratar en cuanto a riesgo de complicaciones cardiovasculares. Actualmente, en base a las guías de la American College of Cardiology (ACC) y de la American Heart Association (AHA) publicadas en 2017, se considera hipertensa a toda persona con cifras mayores de 130/80 mmHg. Próximamente se publicarán las guías europeas avaladas por las Sociedades Europeas de Cardiología e Hipertensión (ESC/ESH) que hasta ahora marcaban el diagnóstico con cifras superiores a 140/90 mmHg, o bien 130/80 mmHg en el caso pacientes diabéticos, enfermedad cerebrovascular, cardiovascular o renal previa.

 

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¿Cuál es su causa?
La causa más frecuente de hipertensión es la denominada hipertensión arterial esencial o primaria que corresponde aproximadamente al 90% de los casos. Se trata de una enfermedad ocasionada por la presencia o alteración de múltiples genes a los que se les suma la existencia de otros factores como el sobrepeso, el sedentarismo, una dieta rica en sal y el alcohol.
Sólo en el 10% de los casos existe una causa corregible y por lo tanto hablaríamos de una hipertensión potencialmente curable. Es lo que se denomina hipertensión secundaria. La causa más frecuente dentro de este grupo es la hipertensión renovascular, originada por una estenosis (estrechez) de una o ambas arterias de los riñones. La dilatación de dicha estenosis y colocación de un stent (muelle) mejora la tensión pudiendo llegar a normalizarla sin necesidad de tratamiento farmacológico. Otras causas menos frecuentes pero también con sus correspondientes tratamientos son: el hiperaldosteronismo primario, el síndrome de apnea-hipopnea del sueño, enfermedad renal parenquimatosa, el feocromocitoma, el síndrome de Cushing, el hipo e hipertiroidismo, el hiperparatiroidismo, la coartación de aorta y otros síndromes suprarrenales distintos a los mencionados.
Cabe destacar de manera importante la hipertensión producida por fármacos de uso común como los antinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, ketoprofeno, diclofenaco etc) y los corticoides, ya que son los que con mayor frecuencia la producen.

¿Qué consecuencias tiene la hipertensión?
– Consecuencias sobre las arterias:
Propicia el acúmulo de colesterol en sus paredes (arterioesclerosis) que pueden terminar por obstruirse produciendo fenómenos de trombosis. La trombosis es la oclusión de una arteria con pérdida del riego sanguíneo en un determinado territorio. Esta falta de riego es la causante de enfermedades como el infarto de miocardio o el infarto cerebral (ictus). De hecho, el aumento de la presión arterial tanto sistólica como diastólica, se relaciona con la aparición de enfermedad cardiovascular en todas las edades, siendo el riesgo mayor en edades más jóvenes. Los estudios dicen que el riesgo de mortalidad por una enfermedad cardiovascular se duplica por cada incremento de 20 mmHg de la presión sistólica o por cada 10 mmHg de diastólica.
Otra consecuencia fatal es la dilatación de arteria principal de nuestro cuerpo, la aorta. La hipertensión puede provocar su dilatación o ensanchamiento (aneurisma) pudiendo incluso llegar a provocar su rotura, lo que inevitablemente causa la muerte.

– Consecuencias sobre el corazón:
El endurecimiento y la rigidez de las arterias suponen una mayor resistencia al bombeo del corazón. Dado que éste órgano es un músculo responde aumentando su masa muscular para conseguir bombear la sangre y hacerla circular de manera eficaz. Este aumento de masa muscular del corazón se conoce como hipertrofia ventricular izquierda. Dicho fenómeno de crecimiento termina siendo perjudicial porque no viene acompañado de un aumento equivalente del riego sanguíneo. Es decir, el corazón crece, necesita cada vez más sangre para alimentarse y funcionar, pero le sigue llegando la misma que cuando tenía un tamaño menor. La consecuencia de este hecho es la insuficiencia coronaria o angina de pecho, preámbulo del infarto.

– Consecuencias sobre el cerebro:
El estrechamiento de las arterias puede hacer que el riego sanguíneo sea insuficiente y provoque la aparición de infartos cerebrales (ictus o accidente vascular cerebral isquémico). Además unas cifras de tensión elevadas pueden causar la rotura de una arteria y generar una hemorragia cerebral (ictus o accidente vascular cerebral hemorrágico también conocido popularmente como derrame cerebral).

– Consecuencias sobre los riñones:
La hipertensión causa rigidez en las arterias que suministran sangre a los riñones, pudiendo hacer que esta falta de riego deteriore su función. El punto clave del daño renal es la aparición de proteínas en la orina también llamada proteinuria, o más concretamente microalbuminuria. Este fenómeno es per sé un factor de riesgo cardiovascular y su existencia encasilla al paciente en el grupo de mayor riesgo. Además la microalbuminuria es un marcador de progresión de insuficiencia renal, es decir, que su presencia implica riesgo de deterioro de la función de los riñones pudiendo llegar, en el peor de los casos, a precisar diálisis.

Hay que reseñar que un deterioro de la función renal puede producir a su vez un aumento de la presión arterial, un claro ejemplo de “pescadilla que se muerde la cola”.

– Consecuencias sobre los ojos:
La hipertensión produce la llamada retinopatía hipertensiva. Una enfermedad originada por el daño que la hipertensión genera en las arterias de la retina pudiendo producir alteraciones en la visión.
– Otras consecuencias
Pueden aparecer otra serie de signos y síntomas derivados de la hipertensión y del daño que ésta hace sobre los vasos, como por ejemplo dolor en las piernas al caminar o impotencia sexual en hombres.
¿Qué puedo hacer para evitar ser hipertenso?
Para disminuir el riesgo de sufrir hipertensión se deben seguir una serie de recomendaciones: abandonar hábito tabáquico, abandonar el consumo excesivo de alcohol, evitar el sobrepeso/obesidad, ejercicio aeróbico diario (caminar, correr, nadar, bicicleta…) y cuidar la dieta. Se debe disminuir el consumo de sal y alimentos que la contengan (precocinados, enlatados, embutidos, conservas, etc). Según la Fundación Española del Corazón, también es necesario consumir frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan, cereales. Por último, usar aceite de oliva como grasa principal e incrementar la ingesta de aves y pescado en detrimento de las carnes rojas. En muchas ocasiones estas medidas no son suficientes y es necesario iniciar un tratamiento farmacológico.
En resumen diremos que la hipertensión es una enfermedad grave, con consecuencias importantes que pueden llegar a ser fatales. La ausencia de síntomas hace que pase desapercibida hasta en un 40% de los casos, produciendo daños a distintos niveles de forma silente (sin que el paciente perciba síntoma alguno). Es imprescindible la medición periódica de la tensión arterial y una valoración médica temprana en caso de cifras elevadas. Un hábito de vida saludable nos protege y nos ayuda a controlar nuestra tensión.

Dr. A. de Lorenzo
Especialista en Nefrología

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