Pasos a seguir ante problemas de obesidad infantil y juvenil

  1. A) VALORACIÓN DE LA MAGNITUD DEL PROBLEMA

 

El sobrepeso y la obesidad infantil y juvenil no son inocuos, van a tener consecuencias negativas de salud en la edad adulta, por lo cual se recomienda prevenirlas y tratarlas. Para ello, hay que modificar los factores higiénico-dietéticos en el niño o adolescente, actuando sobre sus hábitos nocivos con relación a una excesiva ingesta calórica y un insuficiente gasto energético. Con estos objetivos en mente, en la consulta es importante que determinemos el grado de sobrepeso u obesidad del paciente y de sus padres, los factores de riesgo asociados, así como los hábitos nutricionales y de actividad física del paciente.

 

A.1.  Valoración clínica del grado de sobrepeso u obesidad infantil y juvenil:

 

En la primera visita debemos establecer el índice de masa corporal (IMC) del paciente y hacer un seguimiento del mismo: será sobrepeso si su IMC se encuentra entre el percentil 85 y 95, obesidad en caso de percentil > 94 y obesidad grave si p>99.

 

A.2. Valoración de sobrepeso u obesidad de los padres:

 

No nos olvidemos de registrar el estatus ponderal e IMC de los padres, puesto que la obesidad parental es un importante factor predictivo de obesidad infantil y juvenil: comparado con el paciente con padres no obesos, aquel con ambos progenitores obesos incrementa de 6 a 15 veces su riesgo de padecer obesidad, lo cual se debe tanto a factores genéticos como ambientales.

 

A.3. Valoración de los factores de riesgo asociados:

 

Hay que buscar comorbilidades asociadas al sobrepeso u obesidad a través de una anamnesis detallada por aparatos, exploración física y analítica; en este sentido, deberemos evaluar la presión arterial del paciente, su velocidad de crecimiento y determinar periódicamente glucemia, HbA1c, perfil lipídico y transaminasas.

 

A.4. Valoración de los hábitos nutricionales:

 

Para lo cual registraremos eventos como:

 

  • Número de comidas diarias, y las comidas que se salta.
  • Tipo de picoteo que realiza entre horas: alimentos fritos, como patatilla o cortezas, bollería industrial, chuches, helados, etc.
  • Cantidad de refrescos azucarados o zumos consumidos
  • Postres calóricos como tartas o pasteles.
  • Descripción de la comida que le dan en el colegio (o la que lleva de su casa).
  • La frecuencia de comidas fuera de casa, por ejemplo en pizzerías, hamburgueserías, etc.

A.5. Valoración de la actividad física:

  • En casa: número de horas de TV, y si tiene o no televisor en su cuarto, hábitos de juego.
  • En el colegio: número de horas de educación física y su tipo
  • Fuera de casa: determinar y cuantificar hábitos de caminar, subir escaleras, etc.

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  1. B) ESTRATEGIAS DE CAMBIO DE HÁBITOS COMO SOLUCIÓN:

 

Es clave que tengamos en cuenta que en nuestra cultura la obesidad es un estigma que conlleva rechazo social, conduciendo a los obesos a una feroz autocrítica y baja autoestima; dichas emociones negativas constituyen barreras para la modificación de hábitos, y hacen que las familias sean reacias a tratar directamente del tema. Por todo ello, los profesionales debemos evitar a toda costa inducir un sentimiento de culpa en el paciente o en sus padres y, aunque en la práctica busquemos modificar hábitos perniciosos, en las conversaciones con la familia podemos enfatizar los mecanismos genéticos de la obesidad, de los cuales la familia no es responsable, y que influyen en la respuesta al tratamiento. Así pues, debemos ser cuidadosos con el lenguaje y, por ejemplo, evitar hablar de aspecto físico o emplear la palabra obeso, enfocándonos por el contrario en la mejora de la salud a través de la pérdida de peso; en esta línea, podemos indicar que el paciente, por genética, tiene más facilidad para ganar peso que otros compañeros y tendrá que realizar un esfuerzo adicional para conseguir un peso saludable, que le convierta en un chico más ágil y fuerte; de forma análoga, en lugar de dieta hablaremos de hábitos saludables de alimentación.

 

Para ser eficaz en cambio de hábitos, la comunicación debe ser de apoyo y no de culpa, enfocada en toda la familia, no sólo en el paciente; haremos más hincapié en los nuevos hábitos saludables a largo plazo de alimentación, actividad física y sueño adecuado, y no tanto en los cambios a corto plazo, como son prescribir dieta y ejercicio.

problema niña con obesidad

Para mejorar los hábitos alimentarios deberemos:

 

Evitar estímulos nocivos: ejemplo, no comprar ciertas comidas, sacar la televisión del dormitorio, tener a mano verduras y frutas en caso de impulso imperioso de comer, etc.

Vigilancia por el paciente y la familia de comportamientos específicos, a través de registros de ingesta o de actividad, que le ayuden a reconocer qué comportamientos contribuyen a la ganancia de peso.

Crear el hábito de comer despacio.

Realizar sesiones breves de consejo nutricional por dietista o enfermera.

Recomendaciones en cuanto a tipo de alimentación: deberemos huir de las dietas especiales (por ejemplo, la cetogénica) y centrarse en una alimentación equilibrada, que facilite la adherencia y el mantenimiento a largo plazo en el paciente y su familia, y en el aporte de alimentos con alto valor nutritivo y baja densidad calórica. En esta línea, se establecerán 5 comidas al día, evitando periodos de ayuno prolongado y picoteo entre comidas: las tres comidas principales constituirán el aporte básico de carbohidratos complejos (evitar mono y disacáricos), de grasas (evitar saturadas y trans), proteínas y fibra, con ingestas de lácteos y fruta a media mañana y en merienda. Es clave evitar el consumo de bebidas azucaradas o zumos, así como reducir el tamaño de raciones, para lo cual se pesarán algunos alimentos y/o se servirán en plato pequeño.

 

Recomendaciones en cuanto a grado y tipo de actividad: la mejora de la actividad física se debe enfocar en reducir las actividades sedentarias e incrementar las físicas:

 

Reducir el sedentarismo y la obesidad infantil y juvenil a través de:

Establecer límites en el uso de la televisión, videojuegos y ordenador (en general dar un máximo de 1 hora al día).

Sacar el televisor del cuarto del chico.

No ver la TV durante las comidas.

Introducir y reforzar hábitos de actividad física frecuente:

Caminar en lugar de utilizar un trasporte para las actividades cotidianas.

Adecuar la actividad a la edad del paciente e incrementarla de forma gradual.

Se recomienda llegar al menos a 60 minutos de actividad física al día.

Hay que establecer objetivos y asociar su consecución a un incentivo (por ejemplo, participar en una actividad con la familia).

Recomendaciones en cuanto al sueño: un sueño inadecuado está ligado a alteraciones fisiológicas y hormonales que inciden en el peso. Por ello debemos mejorar la higiene del sueño y conseguir que el niño duerma entre 10 y 13 horas y el adolescente, entre 8 y 10 horas.

 

Para mas información relacionada con la obesidad infantil y juvenil y cualquier problema relacionado, puedes contactar con nuestros expertos en salud aquí.

 

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